Cuando vi tus pechos blancos después de la batalla arrobado de licor empecé a recordar en un vórtice de la cama y como un chillido que se extingue en mis oídos.
Escuchaba cuando hablaban los mayores y sus voces y mi voz siempre delgada mientras tú también recuerdas tras la puerta nuestros besos escondidos.
Yo desde aquí tú en otra parte viendo las mismas estrellas pasar. Tú las pintabas yo las seguía y juntos nuestros ojos se encontraban en el mar.
Pero esas mismas tardes en las que el sol nunca moría aún no te conocía mas te veía llegar. Fue cuando me llevaron a las aulas, me amarraron a una silla y me obligaron a rezar.
Y los grandes aplaudían, vitales y nosotros, sentaditos, escuchábamos mentiras de una voz sutil. En ese tiempo, lo recuerdo, yo era joven y el mundo ya me parecía tan hostil.
17-dic-2010
lunes, 27 de diciembre de 2010
martes, 14 de diciembre de 2010
SIGILOSA
Sus ojos amarillos e inmóviles seguían posados en los míos a la espera de algún movimiento involuntario que sirviera de señal para lanzarse al ataque. En cuclillas, casi sin respirar, descubrí, con cuánta pena, que la hierba crecida no jugaba a mi favor. Sólo rogaba que Marita tardara un poco más.
Desde el principio sabía que irse a matar cerca del río era bastante arriesgado, pero la idea de mezclar lo exótico y lo natural, reminiscencia de los buenos tiempos de la Comunidad Primitiva, resultaban estimulantes. Este claro de selva nos fue recomendado por Arantxa (que lo conocía muy bien, por obvias razones) aunque también nos alertó del peligro de las serpientes y nos sugirió hacer fuego.
Conversando con Marita, me dijo que el fuego podría, si bien alejar a los animales, atraer personas, por ello mejor no llevamos nada, confiando en que la Fortuna jugaría en favor nuestro. Espérame aquí, me sonrió, he traído un traje sexy y fue detrás de un árbol a ponérselo y mientras acomodaba la manta que nos liberaría de la picazón de la hierba, se apareció, sigilosa, tal vez hambrienta, decidida, creyendo que no la vería, pero lo hice, y ahora, que ya está demasiado cerca y a punto de saltar, sé, que el menor ruido, o movimiento externo, en lugar, de ahuyentarla, precipitará su acometida, Marita canta y sale de detrás del árbol, corazón, no!!!!
Desde el principio sabía que irse a matar cerca del río era bastante arriesgado, pero la idea de mezclar lo exótico y lo natural, reminiscencia de los buenos tiempos de la Comunidad Primitiva, resultaban estimulantes. Este claro de selva nos fue recomendado por Arantxa (que lo conocía muy bien, por obvias razones) aunque también nos alertó del peligro de las serpientes y nos sugirió hacer fuego.
Conversando con Marita, me dijo que el fuego podría, si bien alejar a los animales, atraer personas, por ello mejor no llevamos nada, confiando en que la Fortuna jugaría en favor nuestro. Espérame aquí, me sonrió, he traído un traje sexy y fue detrás de un árbol a ponérselo y mientras acomodaba la manta que nos liberaría de la picazón de la hierba, se apareció, sigilosa, tal vez hambrienta, decidida, creyendo que no la vería, pero lo hice, y ahora, que ya está demasiado cerca y a punto de saltar, sé, que el menor ruido, o movimiento externo, en lugar, de ahuyentarla, precipitará su acometida, Marita canta y sale de detrás del árbol, corazón, no!!!!
lunes, 29 de noviembre de 2010
.
De nuevo solos, como en los viejos tiempos, con la única diferencia
de que hoy solo somos amigos, y los amigos no se besan,
no se tocan, no se dicen obsenidades al oído. Mira mi casa.
Está igual a como la dejaste:
las cosas en su mismo sitio y el mismo polvo sobre ellas.
Hay nuevas fotos en el aparador tomadas durante tu ausencia.
¿Tres años? ¿Cuatro? Es raro. Estamos tan tranquilos.
¿Dos meses? ¿Tres? Recuerdo que antes nos era imposible.
Yo y mis locuras siniestras, lo sé. Tómate un café.
El agua negra es una pupila que esconde el trasfondo del contenido.
Se puede mentir con las miradas.
¿Sigues usando el mismo perfume?
Era inconfundible dentro del aula,
en la oscuridad de las escaleras del instituto,
en las largas caminatas por la avenida
dentro del estómago de una muchedumbre.
Por esos días, yo empezaba a escribir,
unos poemas y esos cuentos, ya sabes.
Los leíste todos y siempre estabas pendiente de ellos
y me alentabas a continuar en eso.
Hace tanto que no escribo para ti
que hoy empecé un texto sobre nuestro encuentro.
Ése, que tal vez nunca se de.
Ya es tarde. La Luna es una farola bajo un manto de nubes negras.
Termino este café y me iré a acostar.
Fue divertido...pero el sol ya está del otro lado
y no quiero que me encuentre despierto.
Muchas gracias y buena suerte. Grandiosa.
de que hoy solo somos amigos, y los amigos no se besan,
no se tocan, no se dicen obsenidades al oído. Mira mi casa.
Está igual a como la dejaste:
las cosas en su mismo sitio y el mismo polvo sobre ellas.
Hay nuevas fotos en el aparador tomadas durante tu ausencia.
¿Tres años? ¿Cuatro? Es raro. Estamos tan tranquilos.
¿Dos meses? ¿Tres? Recuerdo que antes nos era imposible.
Yo y mis locuras siniestras, lo sé. Tómate un café.
El agua negra es una pupila que esconde el trasfondo del contenido.
Se puede mentir con las miradas.
¿Sigues usando el mismo perfume?
Era inconfundible dentro del aula,
en la oscuridad de las escaleras del instituto,
en las largas caminatas por la avenida
dentro del estómago de una muchedumbre.
Por esos días, yo empezaba a escribir,
unos poemas y esos cuentos, ya sabes.
Los leíste todos y siempre estabas pendiente de ellos
y me alentabas a continuar en eso.
Hace tanto que no escribo para ti
que hoy empecé un texto sobre nuestro encuentro.
Ése, que tal vez nunca se de.
Ya es tarde. La Luna es una farola bajo un manto de nubes negras.
Termino este café y me iré a acostar.
Fue divertido...pero el sol ya está del otro lado
y no quiero que me encuentre despierto.
Muchas gracias y buena suerte. Grandiosa.
viernes, 12 de noviembre de 2010
INVOLUNTARIA *
Simiwarmipi puñan
chawpi punchawmanta.
Yuyachkani
sumaq llanahuaytakuna
chukchaykimanta.
Yachayki chaupituta
hanan niwayki
pukasonqoychayki.
Involuntaryacha
sumaq wayra
ñuqa churayki uyaykipi
tantuta qoyllurkuna kamayki.
12/nov/2010
“Dormiré en una boca de mujer
desde el medio día.
Recuerdo
las hermosas flores negras
de tu pelo.
A media noche sabrás
lo que le digo
a tu corazón rojito.
Involuntaria
hermosa ventisca
voy a poner en tu rostro
muchas estrellas para que les des vida.”
*Poema escrito durante la clase de Literatura Quechua
y corregido por el Dr. Gonzalo Espino.
chawpi punchawmanta.
Yuyachkani
sumaq llanahuaytakuna
chukchaykimanta.
Yachayki chaupituta
hanan niwayki
pukasonqoychayki.
Involuntaryacha
sumaq wayra
ñuqa churayki uyaykipi
tantuta qoyllurkuna kamayki.
12/nov/2010
“Dormiré en una boca de mujer
desde el medio día.
Recuerdo
las hermosas flores negras
de tu pelo.
A media noche sabrás
lo que le digo
a tu corazón rojito.
Involuntaria
hermosa ventisca
voy a poner en tu rostro
muchas estrellas para que les des vida.”
*Poema escrito durante la clase de Literatura Quechua
y corregido por el Dr. Gonzalo Espino.
LA TUNDRA (INTENTO DE CUENTO, TRUJILLO-2004)

A lo lejos podía observarse la silueta esmirriada alejándose por entre los arenales que alguna vez fueron escenario del desarrollo de una ignota cultura preincaica.
Al empezar a penetrar en ellos (según unos niños que jugaban en los basurales) muchos gallinazos se quedaron petrificados al verlo andar, y cuando hubo ya pasado los sumideros e ingresado entre las dunas, un viento extraño que escarapelaba los cabellos lo fue siguiendo hasta que la silueta se perdió de vista.
Por la tarde (según los mismos niños) un carroñero que hurgaba entre la inmundicia, se acostó sobre sus patas en ademán de empollar. Las criaturas corrieron creyendo encontrar un nido (en su inocencia, porque los gallinazos hacen sus nidos donde nadie los vea) pero al notar que el ave no huía, descubrieron que estaba muerto.
En toda la semana, luego de salir del colegio, los niños iban a observar al animal muerto (comprensible, ya que siempre tenemos los humanos esa fascinación por lo desconocido, en este caso, la muerte) el cual, cosa extraña, ¡no mostraba signos de putrefacción! Al descubrirlos, un vecino cogió el cuerpo inerte por las patas y lo dejó bien adentro de los arenales. A la mañana siguiente, no amaneció con vida.
Cuando llegué al pueblo, cargado con una mochila y el cuerpo quebrantado tras las 8 horas de viaje, presencié el entierro del señor. Los niños fueron quienes me relataron lo arriba escrito. Era una historia intrigante.
Había llegado hasta allá para ejercer mi profesión de maestro, la única vacante que conseguí, en el colegio de ese pequeño pueblo que no pasaba de diez cuadras. Una tarde, luego de una semana de estadía en el lugar, quise ir a pasear por dichos arenales.
El sol estaba suave y una leve brisa soplaba serpenteando mis cabellos, cargué una botella con agua y partí.
Caminé alrededor de dos horas cruzándome con algunos arbustos muy extraños y alejados de cualquier señal de agua, en medio de la nada. Cuando el cansancio me invadió, me senté a descansar sobre una loma, arrojándoles piedras a las asustadizas lagartijas que correteaban alrededor.
Oscurecía cuando decidí volver. No se podía distinguir al pueblo ya que carecía de alumbrado público; tendría que usar mi instinto: regresar en línea recta, tal como partí.
El cansancio fue tal que me invadió por completo pero tenía que volver. Todo era tan oscuro que no atinaba a ver nada y sentí por un instante que me estaba saliendo de la ruta. Me acosté sobre la tostada arena que abrigaba mis brazos descubiertos y me encontré solo, bajo el negro cielo alumbrado sólo por una miserable estrella. Me quedé dormido.
Desperté con un hambre voraz y una estupidez para caminar ¡Me caía! Me sentía torpe y cuando me observé, algo mareado ¡Mis manos habían desaparecido! ¡Oh, por Dios! Ahora eran, eran, ¡dos alas negras! ¡Maldita sea! Estaba convertido en un gallinazo más, estaba asustado, quería llorar, gritar y sólo me salió un chillido horripilante. ¡¿Qué demonios había en ese desierto?! ¡¿Qué maldiciones poseía?! Con mucha resignación intenté avanzar y cada vez mis movimientos me parecían ridículos. ¿Se trataba acaso de un sueño? Entonces, empecé a agitarlas y comencé a elevarme, poco a poco, hasta que conseguí volar. Estaba volando. ¡El sueño de los humanos! Pronto di con el basural y el pueblo. Me aposté allí y reconocí las calles arenosas, algunos molles resecos hasta vi a los niños salir del colegio, ah, quería despertar ya de esta pesadilla de mal gusto pero me sentí cansado y me acosté, durmiéndome en el acto.
Trujillo, 29 de mayo de 2004
lunes, 8 de noviembre de 2010
miércoles, 3 de noviembre de 2010
FE DE ERRATAS I

DE ACUERDO CON EL TEXTO DEL MES ANTERIOR TITULADO : MERECIDO, QUE TRATA SOBRE EL NOBEL OTORGADO A NUESTRO AMIGO MARIO, SE HAN PRODUCIDO DOS ERRORES, QUE EL VARGASLLOSIANO PAJUELO REYNA SE ENCARGÓ DE SEÑALAR.
DONDE SE HABLA DE LOS CACHORROS Y LA HISTORIA DE PICHULITA CUÉLLAR DEBE SECIR LA HISTORIA DE LA HUELGA ESTUDIANTIL (LOS JEFES).
DONDE HAY UN ESPACIO( ) ENTRE LA RESEÑA DE LA CASA VERDE Y CONVERSACIÓN EN LA CATEDRAL DEBE IR LA TRAMA DE LOS CACHORROS, LA CUAL ES UN NEXO ( DE ESTILO, FONDO Y FORMA ) ENTRE AMBAS NOVELAS.
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