Sus ojos amarillos e inmóviles seguían posados en los míos a la espera de algún movimiento involuntario que sirviera de señal para lanzarse al ataque. En cuclillas, casi sin respirar, descubrí, con cuánta pena, que la hierba crecida no jugaba a mi favor. Sólo rogaba que Marita tardara un poco más.
Desde el principio sabía que irse a matar cerca del río era bastante arriesgado, pero la idea de mezclar lo exótico y lo natural, reminiscencia de los buenos tiempos de la Comunidad Primitiva, resultaban estimulantes. Este claro de selva nos fue recomendado por Arantxa (que lo conocía muy bien, por obvias razones) aunque también nos alertó del peligro de las serpientes y nos sugirió hacer fuego.
Conversando con Marita, me dijo que el fuego podría, si bien alejar a los animales, atraer personas, por ello mejor no llevamos nada, confiando en que la Fortuna jugaría en favor nuestro. Espérame aquí, me sonrió, he traído un traje sexy y fue detrás de un árbol a ponérselo y mientras acomodaba la manta que nos liberaría de la picazón de la hierba, se apareció, sigilosa, tal vez hambrienta, decidida, creyendo que no la vería, pero lo hice, y ahora, que ya está demasiado cerca y a punto de saltar, sé, que el menor ruido, o movimiento externo, en lugar, de ahuyentarla, precipitará su acometida, Marita canta y sale de detrás del árbol, corazón, no!!!!
Buen cambio de "estilemas" un traabajo suave como pa practicar.
ResponderEliminarLa imagen de la serpiente como un simbolismo esta muy presente en este cuento, esta bueno!...Aunque me gusto mas el titulo original que era "serpiente" en Aymara. Chevere!
ResponderEliminary qué más pasó? te despertaste del sueño?
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