
Veo noticieros. Me emociono cuando sale algún accidente, asalto o choque de mi distrito o de Trujillo, no por los hechos, los cuales lamento mucho, sino porque conozco y he estado en los escenarios donde éstos ocurren. "Mamá, mira el mercado", "El cementerio de Mampuesto", "La calle donde vive la tía Carmen". Nos enfocamos más en reconocer los sitios que olvidamos por un instante los acontecimientos en sí.
Odio cuando el reportero, en el colmo de la estupidez, le pregunta a la niñita cómo la violaron, o al niño cómo mataron a su padre, devolviéndoles recuerdos indeseables que su rechoncho camarógrafo aprovecha para poncharles sus sollozantes caritas aumentándole todo el zoom. Hijos de Puta.
Detesto cuando hablan de política. El tono que emplean para abordar ese tema son siempre monótonos y cuando hay un entrevistado siempre terminan discutiendo; sonriendo fingidamente, en el caso presidencial. Yo de política no entiendo mucho, eso debe ser un gran factor para que me aburra tanto, pero estoy seguro que el progreso del país está ahí, escondido en una bolsa agujereada. Los más payasos son los fujimoristas, ya todos sabemos porqué. Pregúntenle a Keiko.
Cuando pasan internacionales espero con una fervorosa esperanza que digan algo de los países que por extrañas razones me atraen- Letonia, República Checa, Finlandia, Chipre- lo cual es bastante raro, porque casi nada pasa en esos países tan lejanos del mío, y si pasa, a nadie le interesa.
Me preocupa lo que está pasando a la vuelta de mi calle. Están apareciendo nuevas generaciones de pandillas, jovencitas que se embarazan (lo peor es que de ellos), a veces me pregunto ¿Qué mierda tienen en la cabeza?
Casi ni veo farándula, las vedettes que promocionan cada romance que empiezan me parecen horrorosas, las indirectas que se mandan la conductora de un programa con una de otro me resultan patéticas. Sólo me concentro, espero y me soplo toda la secuencia cuando anuncian algo de Marisela Puicón. Me encanta la sensualidad que irradia sólo con la mirada. Es el prototipo de mujer peruana: piel canela, cabello ondeado, oscuro, cuerpo de amazona, su voz, Oh Por Dios me fascina, a pesar que sus canciones sean feas.
De niños, creíamos que la Luna nos seguía a todas partes, ahora sabemos que no es verdad. Pensábamos que nuestros problemas infantiles (insignificantes para todos pero para nosotros importantísimos) se arreglaban solos, ahora sabemos que que alguien más, tal vez indirectamente, lo hacía por nosotros. Cada vez hay nuevos niños y nosotros ya hemos crecido. Es nuestro turno de acomodarles un poco el panorama.
Odio cuando el reportero, en el colmo de la estupidez, le pregunta a la niñita cómo la violaron, o al niño cómo mataron a su padre, devolviéndoles recuerdos indeseables que su rechoncho camarógrafo aprovecha para poncharles sus sollozantes caritas aumentándole todo el zoom. Hijos de Puta.
Detesto cuando hablan de política. El tono que emplean para abordar ese tema son siempre monótonos y cuando hay un entrevistado siempre terminan discutiendo; sonriendo fingidamente, en el caso presidencial. Yo de política no entiendo mucho, eso debe ser un gran factor para que me aburra tanto, pero estoy seguro que el progreso del país está ahí, escondido en una bolsa agujereada. Los más payasos son los fujimoristas, ya todos sabemos porqué. Pregúntenle a Keiko.
Cuando pasan internacionales espero con una fervorosa esperanza que digan algo de los países que por extrañas razones me atraen- Letonia, República Checa, Finlandia, Chipre- lo cual es bastante raro, porque casi nada pasa en esos países tan lejanos del mío, y si pasa, a nadie le interesa.
Me preocupa lo que está pasando a la vuelta de mi calle. Están apareciendo nuevas generaciones de pandillas, jovencitas que se embarazan (lo peor es que de ellos), a veces me pregunto ¿Qué mierda tienen en la cabeza?
Casi ni veo farándula, las vedettes que promocionan cada romance que empiezan me parecen horrorosas, las indirectas que se mandan la conductora de un programa con una de otro me resultan patéticas. Sólo me concentro, espero y me soplo toda la secuencia cuando anuncian algo de Marisela Puicón. Me encanta la sensualidad que irradia sólo con la mirada. Es el prototipo de mujer peruana: piel canela, cabello ondeado, oscuro, cuerpo de amazona, su voz, Oh Por Dios me fascina, a pesar que sus canciones sean feas.
De niños, creíamos que la Luna nos seguía a todas partes, ahora sabemos que no es verdad. Pensábamos que nuestros problemas infantiles (insignificantes para todos pero para nosotros importantísimos) se arreglaban solos, ahora sabemos que que alguien más, tal vez indirectamente, lo hacía por nosotros. Cada vez hay nuevos niños y nosotros ya hemos crecido. Es nuestro turno de acomodarles un poco el panorama.