sábado, 13 de agosto de 2011

DIARIO





19 días del mes de Mayo del año 1498


Por las calles no háblese dotra cosa i creo que de Madrid a Bilbao i de Toledo a Andalucía a sazón de lo mesmo es. Que las Indias, las Indias, ha mucha gente aun que no çe lo cree i con justa señal, como quien menestera pruebas más Nuestro Señor dixo bien aventurados los que creen sin ver. Afán de rigor fue lo que llevonos a ultrajar la voluntad de Nuestro Señor el Rey de España, quien negónos el permiso i su favor, faciendo desta manera, como usanza de piratas, la oçadía de ver las indias con nuestros proprios ojos. Yo, que me llaman Xuan de Pulpos, sin abolengo ni riquezas i con el solo amparo de conocer letra, heme embarcado en el navío La Pluma, comandado por el capitán don Florentino Valdivia de Manrique, esperto navegante de Cadez, un sobrino muy suyo don Ramón Pacheco y Reyna, un marino dellos llamado Avilés ques de Zamora i un galgo muy chusco que llaman el Batuque i salemos de Cadez no ha dos semanas atrás, evitándonos la vista con naves reales fasta llegar a las açores ques donde hemos de repletar las provisiones nuestras so afán de completar la ruta dela que no hallaremos fuente otra de bienes. Asi yesto, salemos hoy 19 del mes de Mayo rumbo a las Indias cargados de provisiones i dos moças açoras que responden a los nombres de Maribel Villaçao y Vitoria Garçi. Que Nuestro Señor Jesucristo nos lleve con bien.


21 días del mes de Mayo del año 1498


En este tiempo hay sol mas no puede uno estarse muxo rato bajo el por dolencia de mollero. Las moças se loan pasado regresando a tierra lo que tenían dentro ques por los mobimentos dela barca. Guardaba el afán de yacer con una mas el capitán lo cençuró so dicho ques pronto para el viaje. Es muy tedioso todo esto i no concibo la manera que de pasarlo han don Cristóbal e don Américo que al menos echar lengua con las moças distrae. Que Nuestro Señor Jesucristo perdure llevandonos con bien.


2 días del mes de Junio del año 1498


Dos días ha de la tormenta.
(CONTINUARÁ)

CONFESIÓN


Yo escribo para estar tranquilo
y para dormir en paz
porque las palabras me duelen en las manos
cuando no asoman por mi frente
porque mis nervios partidos están hilados por ellas
Y toda esa obsesión por recuperar las partidas.
Porque en ellas está oculta parte de mí
porque no son mías.
Porque son libres.
Porque tiemblo.

EL HOMBRE

Había caminado mucho buscando un lugar donde guarecerse del frío y donde apaciguar su hambre. Los pies los tenía resecos y callosos y una extraña sensación por protegerlos le invadía. No era así como se sentían sus ancestros. Ellos andarían sin quejarse y hallando comida donde otro solo espinos. Este día, él era el otro. Se acabaron sus provisiones y no sabía ya dónde quedaba el río. No sabía encender el fuego y probablemente moriría esta misma noche. Dónde estaría ahora la familia! Pura sabana era lo que veía a su alrededor. Ningún indicio de bosque, ninguna señal de fuego, ninguna montaña, porque montaña es sinónimo de caverna y caverna de abrigo y abrigo de vida. El cansancio del cuerpo le cerraba los ojos, pero quería seguir. Pronto oscurecería y había visto, distancias atrás, huellas de león.

Entonces, comenzó a recitar los balbuceos que había oído a su padre hacer para salir victorioso en una caza, hacer que llueva cuando tenían sed, encontrar una compañera cuando se estaba solo y por una extraña razón sentía que le salían mal. De pronto, uno por uno, chillidos de mono se oían a lo lejos. Se asustó de la hinchazón de su pecho y del involuntario estiramiento de su boca y comprendió, que se había salvado.

Llegó de noche. El rumor del río y el aroma de hierbas hacían que su estómago sonara, mas al encontrarse muy cerca, escuchaba el sonido del corazón cuando copulan, pero no eran uno, ni dos, sino muchos, tantos que llegó a sentir miedo por lo que acababa de encontrar. Era joven e inexperto, sí, pero tenía mucha suerte. Luces que no eran luciérnagas sino mucho más grandes encendían aquel pedacito de cielo, pequeñas cavernas de paja y movibles formando un círculo que bordeaba a un círculo más pequeño hecho por hombres y mujeres como él que saltaban alrededor de un fuego más grande y corrían al sonido de los corazones que ellos mismo golpeaban.

Desnudo e inmóvil frente a ellos, no supo cómo aquel lenguaje incomprensible y sin forma que había manejado su familia hasta estos días se fue transformando en sonoridad que salió de su boca con muy buen timbre para soltar de golpe la primera palabra concebida por el hombre para expresar todas las emociones que vivió en ese instante, desde el miedo a lo desconocido, hasta llegar al asombro por lo hallado.

-Mierda.

La danza se detuvo. Los hombres y mujeres lo observaron detenidamente y el ruido de los bombos fue reemplazado por el chirriar de los grillos. Una de ellas se le acercó y colocó una mano sobre su corazón. Latía fuertemente que sentía en cualquier momento rompería su pecho, la mujer estiró la boca como lo había hecho él al oír los monos. Lo invitaron a bailar.

Lima, 12 de agosto de 2011