O "The man who sold the world" en la versión de Nirvana (la cual no difiere mucho de la original de Bowie) tiene en la voz de Cobain el desgarro de la angustia por encarar después de una larga búsqueda a quien se atreviera a hacer la venta.
Escuchar la original llena de arreglos de liras y teclados le da a la versión del unplugged del 93´una esencia de pureza y simplismo en un contacto más íntimo entre los músicos y el público. Con el sólo acompañamiento de un violonchelo a la luz de las velas, la canción de Bowie se convirtió en una de las más conocidas y referentes de la banda de Kurt.
Es ésta canción la más requerida por los nuevo aprendices de guitarra y es que el solo del final es tan envolvente que consigue apoderarse de tus sentidos, llevándote a un trance del cual sólo te sacarán los aplausos del final.
Hoy, después de tantos años, he vuelto a tocar la primera canción que aprendí y la fascinación y el encanto de realizar el intro de la canción sigue perenne.
martes, 14 de julio de 2009
COLOQUIO

Caminábamos lentamente bajo el cielo gris de la ciudad. En silencio. Los autos parecían menos bulliciosos y la gente más triste, pero era agradable.
-He estado pensando en lo que me dijiste el otro día- dijo por fin.
-¿Ah, sí?- respondí de inmediato. Me sorprendió lo que dijo y me interesaba saber a cuál de las tantas cosas que a menudo le decía se refería.
-Sí, y creo que va ser lo mejor- alegó consecuente, dio un suspiro y sonrió. Parecía ser serio mas no imaginaba qué podría ser y no quería defraudarla ni extingir su repentina alegría siendo sincero y decirle que no tenía ni idea de lo que se refería.
-¿Tú crees?- le dije.
-Sí, si te fijas bien, las cosas se dan así... se desplayó por completo, subiendo y bajándose las mangas de la chompa mientras explicaba, hablando de una cosa y de otra, como si una nueva boca hubiera aflorado en su rostro a la vez que se cerraban mis oídos, los carros parecían más lentos, ¿acaso la neblina era de goma?, una pluma solitaria de alguna paloma errante planeaba a mi alrededor en una danza andina negándose a besar el suelo, la envoltura de un chocolate al pie de la vereda era un festín de hormigas que retaban al frío, una mujer encantadora de sonrisa en los ojos me sonrió con la boca y me grabé su perfume...¿No lo crees?- inquirió.
-Puede que tengas razón.
-!Qué bueno que me entiendes¡ es bueno poder contar contigo- me dio un abrazo.
- No es nada, se hace lo que se puede. Vamos a tomar el carro, me estoy muriendo de hambre.
-He estado pensando en lo que me dijiste el otro día- dijo por fin.
-¿Ah, sí?- respondí de inmediato. Me sorprendió lo que dijo y me interesaba saber a cuál de las tantas cosas que a menudo le decía se refería.
-Sí, y creo que va ser lo mejor- alegó consecuente, dio un suspiro y sonrió. Parecía ser serio mas no imaginaba qué podría ser y no quería defraudarla ni extingir su repentina alegría siendo sincero y decirle que no tenía ni idea de lo que se refería.
-¿Tú crees?- le dije.
-Sí, si te fijas bien, las cosas se dan así... se desplayó por completo, subiendo y bajándose las mangas de la chompa mientras explicaba, hablando de una cosa y de otra, como si una nueva boca hubiera aflorado en su rostro a la vez que se cerraban mis oídos, los carros parecían más lentos, ¿acaso la neblina era de goma?, una pluma solitaria de alguna paloma errante planeaba a mi alrededor en una danza andina negándose a besar el suelo, la envoltura de un chocolate al pie de la vereda era un festín de hormigas que retaban al frío, una mujer encantadora de sonrisa en los ojos me sonrió con la boca y me grabé su perfume...¿No lo crees?- inquirió.
-Puede que tengas razón.
-!Qué bueno que me entiendes¡ es bueno poder contar contigo- me dio un abrazo.
- No es nada, se hace lo que se puede. Vamos a tomar el carro, me estoy muriendo de hambre.
VIAJE AL CENTRO DE TUS PIERNAS
Como rayo de luz en la selva oscura
manantial de veneno burbujeaba
la nueva pendiente, las viejas huellas
y una pizca de fiera en tu mirada.
.
Aguardaba la penumbra del sendero
la obstinación de tu cuerpo y tus entalles
jugando, entre risas y jadeos
un pantano oscuro entre dos valles.
.
La profundidad a donde llego húmedo
de calor de emoción, de acacias
me consume y energiza luego
.
que al vacear mi esencia en tu seno
me convierte por hazaña de magia
en tu presa, cocida a fuego.
THE CONSTANCE STEWART REID EXPERIENCE

Connie es hermosa pero no lo sabe o sí lo sabe, pero no tanto. Su piel es suave y tibia y mojada por la lluvia es brillante y el vaho que despide su cuerpo cuando se agita es enloquecedor. Juega natural con el rostro de facciones pueriles y el cabello húmedo baila lentamente adheriéndose a y despegándose de su cuello en un constante vaivén de mar.
Las trenzadas coronarias rosa sobre sus pechos levantados y firmes destacan la figura de sus pezones, diminutos, inexpertos y decididos. La luz de la fogata danza sobre su vientre plano alargando el jardín de nomeolvides sobre su monte de Venus recreando sobre su cuerpo un calendario.
Anhelante de ternura, con un esposo paralítico de pedantería cada vez más insoportable, busca cubrir la desnudez de sus caderas con la sábana de la sensibilidad, lo perfectamente redondas que son. Verlas desde atrás, es el espectáculo más hermoso inimaginable que un hombre podría disfrutar sin llegar de tan magnífica visión en el colmo de la gula.
Verla acostada en medio de ramas de roble y madreselva a punto de florecer es la proyección de un hechizo ancestral.
La mujer que desechó la farsa del "placer intelectual", dominada por sus instintos, el coraje de su propia ternura y la realidad de su cuerpo está sentada sobre el pasto. A la petición de venir sin bragas ha cumplido, es también suyo el deseo de ganar tiempo. Es adorable besarla y acariciar con una mano su frente y con la otra sus cabellos escuchando su respiración cada vez más cerca. Aspirar el perfume de sus hombros a través de la tela que los oculta y suaves mordiscos en el cuello, su agitada respiración es melódica, su pecho se infla y se encoge, se infla y se encoge y el contacto con la firmeza de sus senos invita.
La mano desciende por su espalda, suave como acariciando un gatito, para no perderse ningún detalle, ninguna forma, dibuja la estructura y consistencia de su cadera, la amo y quiero brindarle esa ternura. El aroma de sus pantorrillas es dulce y el sabor a leche, los muslos van quedando descubiertos, en la parte interna se desentierra un tesoro, con la parsimonía de un paleontólogo, el vestido se arruga y huele a mujer, sabe a mujer.
El tiempo pierde protagonismo y desaparece. Lo cálido de su interior me nutre y quiero estar dentro de ella. Un contacto, un quejido, la sumisión, el olvido, el hundimiento en lo profundo de un encanto. Ya en la fuente, la escucho más lejana, los sacudones la aproximan y los remansos la distancian más, y vuelven las sinfonías y más temblores y olas que revientan y rocas que caen y la música más alta y los gritos y las caricias y Connie y un temblor y más y más. Constance.
Palpitaciones que redoblan, ha muerto la verguenza y ha nacido la mujer. El sexo no es más que tacto. El más íntimo de los tactos, y es el tacto lo que nos da miedo*. Posesos por el sopor post exploción de nervios empieza el descenso hacia el bosque de los encantos. El sueño doblega y ya comienza a oscurecer. Muerto el tiempo sólo importa la mujer.
Cierro el libro. Buenas noches Constance.
* frase de D.H.Lawrence
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