jueves, 22 de julio de 2010

NOCTÁMBULO


“Si vous laissez passer cette chance…”

I

15 de Abril

Así como te digo, no puedo. Siento una emoción fuerte e intento no mirarte pero aparecen tus ojos otra vez y tu voz nuevamente, temblorosa también (o al menos yo lo creo así) mientras disimulo hablando de estudios culturales. Te retiras luego de saludar dejándome la angustia de no haberte hablado lo suficiente e inquieto por no mirarte completa. Y sigo. Hablo como un disco y pienso en otras cosas. Me invento diálogos mientras tengo un diálogo real. Me empalmo con la cháchara y hay mucho pan por rebanar, o por hornear. Lo hago más lento. Que se prolongue la conversa porque tengo aún la esperanza que volverás a aparecer. Mi acompañante se emociona y departe, no me escucha, no me importa tampoco porque estoy rogando que te animes a ver Orión. Me habla de vivir el presente con proyección al futuro y me plantea un esquema, parece interesante, como los cactus de tu jardín. Son simples y solitarios pero tienen algo de especial a pesar de su desgracia. Ya está corriendo aire y se ven más estrellas, la escucho y la escucho, de vez en cuando asiento. Ya es hora de marcharse y se te ocurre aparecer de nuevo. Ahora sí, a participar de la conversación. Ella te pregunta y respondes rápido, como si hubieras estado preparando desde antes tu discurso. Entonces te miro. Te miro toda. Te miro toda y vuelvo a temblar, ya no por el frío, es por otra cosa. Te hablo, quiero oírte, quisiera tocarte para saber que eres real, si hueles a crema, si sabes a jazmín. No dejo de temblar pero lo disimulo. Hace frío, es cierto, qué fácil es disimular.

30 de Mayo

Nunca te sueño a pesar que muchas veces, antes de dormir, pienso mucho en ti. Mis sueños son instantes oscuros y breves de los cuales casi nada recuerdo cuando me despierto. Intenté escribir poesía y fracasé. No por falta de inspiración sino por flojo. Y por descuidado. Sólo una vez pude recordarte en ellos. Tal vez siempre te sueño y antes de despertar se me borran las memorias al regresar otra vez a mi cuerpo físico. Caminábamos entre salones de colegio y nos cruzábamos con mucha gente que andaba igual que nosotros, perdidos. No pronunciaste palabra alguna y yo, esperando que me dieras una señal para poder revelarme, tampoco lo hice. Uno no es consciente si está en sueños o en el mundo real. ¿Cómo será ese cambio de planos? ¿Si yo sueño contigo quiere decir que tú sueñas quizás conmigo? ¿O tal vez dentro de la cabeza tenemos un minimundo donde encontramos lo que deseemos de una forma estrictamente selecta? Eso no explicaría la existencia de mis pesadillas. ¿Aparecerás por segunda vez?

31 de Mayo

No.

2 de Junio

¿Puedo llamarte a cualquier hora, verdad? A veces estoy en casa sin nada que hacer. No me atrae la televisión y el internet me estresa. Entonces miro la ventana que da al jardín por horas, puedo hacerlo casi sin moverme. También puedo quedarme en silencio por horas si me dejas verte. Me gusta el olor del cigarro así que no te preocupes por mí. En sí, no sería el olor del cigarro puro, sino el aroma del tabaco macerado en tu interior. Feromonas, nicotina, fero…


II

25 de Setiembre

¿Cómo vamos de cine, Leonor? ¿Hay alguna que te gustaría ver? Déjame adivinar. Siempre se deja que la otra persona elija, pero yo soy extraño y no me gusta hacer lo que todo el mundo hace. Sabes, Priscilla, tienes unos ojitos ávidos de acción, unos labios prestos al romance y unas mejillas dramáticas. Está difícil. Dame un poco más de tiempo, no digas nada, déjame adivinarla. Voy a ir descartando poco a poco. La ciencia-ficción no va con tu peinado ni tus pasos de western. Esos hoyitos de tus mejillas. Comedia! Sí, hay una muy buena que me acaba de recomendar un amigo, aunque me advirtió que tenía un final trágico. Es rumana, te va encantar. Es temprano aún, no seas así, yo te voy a acompañar hasta tu casa, Carmen. Espera, acabo de recibir una llamada. Ya nació mi sobrino! Voy a candidatear el nombre de Lucio para él y para acordarme de escribirte siempre, Lucía. Siempre te escribo, siempre de noche porque detesto el calor del día y prefiero dormir. Adoro el invierno y nuestras caminatas por el centro bajo la garúa y que me invites un helado y yo te diga qué loca eres, Sofía, y te rías y me agarres el cabello y me digas el loco eres tú, que duermes desnudo en invierno y la frescura de tu sábana y tus libros desordenados del estante y ya estamos de nuevo en primavera, con sol.

10 de Noviembre

Quiero acostarme. Me gustaría que me dieras un beso y apagues la luz. Después puedes irte, si quieres. Faltan dos horas para que amanezca y aun no me duermo. Sé que estás acá, ¿pero será porque estés acá, de pie, mirándome sin hablar, que no puedo cerrar los ojos y dejarme llevar aguas arriba por la corriente? Malena, Malena, subías las escaleras de la Facultad apurada y apenas conseguía ver tus tacones negros bien lustrados. A veces alcanzaba al traje gris o al jean ceñido, dependía si tenías exposición esa mañana. Lo recuerdo, pero no por mí, sino por mi cuadernito, donde pongo todo lo que tengo antes de que se me nuble por completo el cerebro y no quede registro alguno de que tú tenías sonrisa de amazona y piel de capulí.

4 de Julio de 2010