jueves, 15 de septiembre de 2011

SÁBADO

“Trabajando en la Tabacalera perdí completamente el gusto por fumar”, contaba mi papá en las reuniones familiares cuando yo era niño. Y era verdad, nunca lo he visto fumar hasta ahora. Anita D en una entrevista confiesa que haciendo películas porno dejó de gustarle el sexo. Tanta mecanicidad desnaturalizó las sensaciones. Cuando los Beatles lograron fama y sus conciertos se tornaron a sesiones programadas de ½ hora, perdieron todo el gusto por tocar en vivo.

Ahora estoy en el salón, hace frío y desconozco si ya dejó de garuar. Sólo sé que soy un náufrago a la deriva, asido a un solo madero, madero limpio aunque pequeño. Los botes llevan nombres de Bajtín y Volóshinov y se acercan a mí para subirme a ellos y llevarme a su país, a dónde no quiero ir.

Sigo atado a mi viejo madero cuyas líneas naturales describen mi vida entera, mi corta vida entera, pero estoy feliz porque a dónde llegue, o vaya, esté vivo o esté muerto, aún me podré conmover.

3/set/2011