martes, 28 de junio de 2011

ADIÓS


Hoy he tomado uno de tus libros y he disfrutado del contenido, amigo. Es una lástima que después de varias semanas recién escriba para ti. Pero tú sabes cómo es el ser humano de extraño: cuando piensas que va actuar de una manera siempre lo hace de la otras.

Mis amigos y yo te fuimos a ver cuando visitaste la Villarreal y la fascinación de nuestro primer año iba viento en popa. Después de ti, nadie de renombre la ha visitado.

“Un joven, una sombra” fue lo primero que leí y me pareció un libro original. La forma de narrar, tan sencilla y cargada con toques poéticos y eróticos me fascinó. En esa oportunidad (fatídica, por cierto: la gente de educación hacía preguntas estúpidas) yo me quedé callado. No soy de hablar en público, pero al final, pude llegar a ti y tímidamente te di la mano mencionando el libro que leí. “Ah, ése” respondiste sonriente y comprendí que no había leído nada. Mi amigo Aarón te preguntó si podías darnos consejos para crear y tu respuesta nuevamente fue deslumbrante “pero vayan a visitarme!” y nos diste tu número. Tamaña sencillez descubierta en un grande era demasiado para un día.

Contentos salimos de ahí y programamos diferentes fechas para ir a verte, fechas que por uno u otro motivo se fueron posponiendo y olvidando hasta el año pasado, cuando te fuimos a ver en la Casa de la Literatura, esta vez más cerca, casi una conversación entre amigos.

Éramos nueve personas las que estábamos frente a ti y te oímos narrar cuentos breves y hablar sobre composición. Llegó el momento de las preguntas y yo empecé a temblar. En clase, está permitido equivocarse, no con un escritor, o al menos no si lo hace un aspirante a uno, por muy novato que sea.

-Siento que en dos de sus cuentos “La Camioneta de la Alegría” y “Otra Casa de Cartón” la mujer termina perdiendo.
-De ninguna manera- me contestaste en el acto- al contrario, ellas terminan por darle la vuelta al asunto.

Volviste a sonreír. Yo me sentí confundido porque en el primer texto la mujer termina golpeada y en el segundo, burlada y abandonada. Quise seguir.

-¿Cómo hace para manejar tan bien el erotismo? Su forma de narrarlo es muy buena.

Sonreíste. Obviamente, mi voz era trémula mas tu respuesta satisfizo mis inquietudes.

-Si trabajas con un personaje femenino puedes llegar a ser escritor. No hay nada más complejo y difícil de hacer que crear un personaje femenino. Si logras escribir desde una mujer, habrás logrado bastante.

Y volviste a sonreír de manera benevolente. Ese es el recuerdo que tengo de ti, maestro, y es a partir de esa conversación que trato de crear personajes femeninos y hablar desde ellos, sin éxito. No entiendo cómo mis amigos de San Marcos, cuando les preguntaba por ti, me decían “Zavaleta es renegón”, “Ah, ese viejo”, es una lástima y una vergüenza.

He leído más cuentos tuyos y descubro cosas nuevas. Lamento no haberte ido a visitar nunca y tu muerte fue un duro golpe que recién lo siento hoy cuando escribo estas líneas agradeciéndote el buen humor con que trataste a estos cuatro jóvenes aspirantes a creadores, devolviéndote la sonrisa.

miércoles, 22 de junio de 2011

ENSUEÑO Y FANTASÍA

(RELATO BREVE A CUATRO MANOS, ES DECIR, MI SOBRINO Y YO)

Al ver un adorno en forma de cisne, Renato pensó en la caza indiscriminada como algo condenable, es decir, que quienes la practiquen merecen una pena dura. Al hablar de esto, también pensó en lo trágico que sería ser participante de tan horrendo espectáculo, por lo que se le vino a la mente la idea de escribir algo sobre dicho tema.

“En primer lugar, -escribió Renato- a nadie le gustaría que alguien venga de la nada y te mate, puesto que tú eres el único dueño de tu vida. Cazar animales hasta dejarlos en peligro de extinción, es más feo que una patada en los bowes, por lo tanto, es mucho más recomendable no recibir ninguna patada en ellos.”

Luego de escribir esto, Renato se quedó pensando más en ese tema, por ende, como tenía una imaginación tremenda, cerró los ojos y soñó que era un leopardo joven, que caminaba errante en medio de la sabana africana, por lo tanto hacía mucho calor y estaba hambriento. Por el contrario, estaba seguro de encontrar comida, ya que era un felino mayor y además, tenía las habilidades con las que siempre había soñado, es decir, agilidad para saltar y ver perfectamente en la oscuridad.

Caminaba por toda la pradera cuando vio una liebre que estaba tan perdida como él, por lo tanto, se agazapó lo más que pudo, cubierto por la hierba para acercarse a su futura presa. Entonces, notó que la liebre, ya rendida, tal vez exhausta, estaba esperando ser devorada. La tristeza y el miedo inundaban los ojos del pequeño conejo y era tanta que lo conmovió, por eso, decidió no comérselo, le dio la espalda y se fue, contento por su decisión, pensando en qué feliz sería el mundo sin muerte ni víctimas.

Luego, tras otra larga caminata, se sentó bajo un árbol a descansar, con una satisfacción inmensa por haber hecho una buena obra, cuando escuchó un fuerte rugido. Era un león que lo estaba acechando. En ese momento se dio cuenta de que él no era tan grande como creía y se notaba que el otro felino no venía en tono amistoso. Empezó a temblar, puesto que el león se acercaba, lo veía como competencia en la caza y deseaba acabarlo. Entonces corrió. Corrió con todas sus fuerzas, el mundo era amplio, parecía que no tenía fin y que el león no se cansaba nunca, ya lo estaba alcanzando, ya le había dado un zarpazo, ya lo había tumbado, ya le iba a dar un mordisco, ya estaba sintiendo la sangre brotando de su cuello, llorando de miedo, de pena, de decepción porque la muerte lo había vuelto a vencer y entonces, Renato se despertó.