Hoy he tomado uno de tus libros y he disfrutado del contenido, amigo. Es una lástima que después de varias semanas recién escriba para ti. Pero tú sabes cómo es el ser humano de extraño: cuando piensas que va actuar de una manera siempre lo hace de la otras.
Mis amigos y yo te fuimos a ver cuando visitaste la Villarreal y la fascinación de nuestro primer año iba viento en popa. Después de ti, nadie de renombre la ha visitado.
“Un joven, una sombra” fue lo primero que leí y me pareció un libro original. La forma de narrar, tan sencilla y cargada con toques poéticos y eróticos me fascinó. En esa oportunidad (fatídica, por cierto: la gente de educación hacía preguntas estúpidas) yo me quedé callado. No soy de hablar en público, pero al final, pude llegar a ti y tímidamente te di la mano mencionando el libro que leí. “Ah, ése” respondiste sonriente y comprendí que no había leído nada. Mi amigo Aarón te preguntó si podías darnos consejos para crear y tu respuesta nuevamente fue deslumbrante “pero vayan a visitarme!” y nos diste tu número. Tamaña sencillez descubierta en un grande era demasiado para un día.
Contentos salimos de ahí y programamos diferentes fechas para ir a verte, fechas que por uno u otro motivo se fueron posponiendo y olvidando hasta el año pasado, cuando te fuimos a ver en la Casa de la Literatura, esta vez más cerca, casi una conversación entre amigos.
Éramos nueve personas las que estábamos frente a ti y te oímos narrar cuentos breves y hablar sobre composición. Llegó el momento de las preguntas y yo empecé a temblar. En clase, está permitido equivocarse, no con un escritor, o al menos no si lo hace un aspirante a uno, por muy novato que sea.
-Siento que en dos de sus cuentos “La Camioneta de la Alegría” y “Otra Casa de Cartón” la mujer termina perdiendo.
-De ninguna manera- me contestaste en el acto- al contrario, ellas terminan por darle la vuelta al asunto.
Volviste a sonreír. Yo me sentí confundido porque en el primer texto la mujer termina golpeada y en el segundo, burlada y abandonada. Quise seguir.
-¿Cómo hace para manejar tan bien el erotismo? Su forma de narrarlo es muy buena.
Sonreíste. Obviamente, mi voz era trémula mas tu respuesta satisfizo mis inquietudes.
-Si trabajas con un personaje femenino puedes llegar a ser escritor. No hay nada más complejo y difícil de hacer que crear un personaje femenino. Si logras escribir desde una mujer, habrás logrado bastante.
Y volviste a sonreír de manera benevolente. Ese es el recuerdo que tengo de ti, maestro, y es a partir de esa conversación que trato de crear personajes femeninos y hablar desde ellos, sin éxito. No entiendo cómo mis amigos de San Marcos, cuando les preguntaba por ti, me decían “Zavaleta es renegón”, “Ah, ese viejo”, es una lástima y una vergüenza.
He leído más cuentos tuyos y descubro cosas nuevas. Lamento no haberte ido a visitar nunca y tu muerte fue un duro golpe que recién lo siento hoy cuando escribo estas líneas agradeciéndote el buen humor con que trataste a estos cuatro jóvenes aspirantes a creadores, devolviéndote la sonrisa.