LA COLINA DE LOS SUICIDAS
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A ...(por definir)
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A través de las cortinas se podía ver con exactitud todas las cosas que ocupaban la sala. Muebles de junco, sillas barnizadas, maceteros con florecitas de colores que habrían sus pequeñas hojas por las mañanas, por las tardes y por las noches según su nombre; cuadros paisajistas sin firma, mesitas con tapetes hechos a crochét, un televisor antiguo y una jaula con dos tordos.
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(SIN TITULO DEFINITIVO)
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A Pluma Negra
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Ni bien llegó, subió precipitadamente las escaleras y se encerró en su habitación. Apenas saludó. Cerró la puerta, encendió la computadora, abrió la ventana y cerró las cortinas. Era agradable verlas bailar al compás del viento. ¿Cómo podía ser posible?, se preguntaba, ¿Cómo no me enteré?. El módem demoraba en terminar de encenderse. Fue el gordo Domingo quien le dió la noticia. "Ella viene". Eso era lo que más dolía. "Yo se la presenté, por mí la conoció".
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Era un golpe al fanatismo, él la había estado siguiendo desde que estaba en el colegio junto a sus amigos quienes poco a poco se fueron desinteresando, sus últimas noticias, sus romances, su arte. Escribió precipitadamente la dirección, se equivocó dos veces y presionó mientras suspiraba la tecla enter. La pantalla se puso en blanco y su corazón latía con desesperación, los dedos de la mano se le contraían. ¿Tanto demoraba?. Y ahí estaban: primero, apareció su nombre, lo leyó muy lento mientras notaba detalles en esas letras doradas con fondo de estrellitas multicolores, brillantes y distorcionadas que no había notado antes. Luego las cejas delgadas y finas, el cabello castaño, los ojos verdes y claros, la frente amplia y muy limpia, las mejillas sonrosadas, la inocente sonrisa de los labios gruesos. Se llenó de sosiego. Entró a últimas noticias y luego de manera precipitada, saltándose líneas y párrafos, haciendo uso de la habilidad esa de encontrar palabras dentro de un texto con facilidad que poseía, la encontró. Volvió a suspirar. Ya no estaba molesto ni dolido, sino alegre, con una extraña certidumbre de que algo bueno estaba por ocurrirle, después de todo, porque era verdad lo que le había dicho el gordo: "ella viene".
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CUENTO.
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Todos los días, lo primero que hace al despertarse es mirarse en el espejo que tiene en la cómoda frente a su cama. Le agrada verse toda despeinada y con las chapitas encendidas. Se ríe. Aun está oscuro y entonces prende la luz. El cuarto es pequeño y todo lo que lo ocupa es una cama de plaza y media, la cómoda de madera basta y una silla. El baño está afuera y hay uno por cada piso. Hay muchas chicas como ella viviendo en el edificio. La mayoría viene de provincias y trabajan en el mismo rubro: textiles.Mira el reloj: las 5 y 40 am. Se levanta y siente un escalofrío en todo el cuerpo que le genera una sensación extraña, como una electricidad pequeñita que eriza los vellos del brazo que le hace sonreír.
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Abre un cajón de la cómoda lentamente, para no hacer ruido, y saca su jabonera y una toalla. Sale de su cuartito y camina ligera hacia el baño, hay un poco de eco en el pasillo. Mira sus pies y el compás gracioso que éstos hacen sobre las pantuflas guindas que le regaló Hugo y se ríe. Empuja la puerta del baño pero no cede. Hay un reflejo de luz que sale a duras penas por el casi inexistente espacio entre la puerta y el marco. Estaba ocupado. Mira hacia las demás habitaciones y como por arte de magia, como si en ese preciso momento hubieran empezado a habitarse, uno a uno, los focos empiezan a encenderse y a botar ruidos desde sus entrañas.
Este es el cuento, que llegó a mis manos, de forma bastante casual; es uno de los mejores, que he leído en mi vida, me gustó bastante, rico en temática, bastante completo. Las palabras sobran, es muy bueno, me recordó a Ribeyro, Arguedas, y a Vargas LLosa, pero obviamente, tu cuento, tiene sello propio. Felicitaciones.
ResponderEliminarSE AGRADECE. AUNQUE RIBEYRO, MVLL Y ARGUEDAS ESTÁN CUARENTA PISOS MÁS ARRIBA.
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