viernes, 4 de diciembre de 2009

VICIO


Tengo el organismo alterado o al menos diferente a la mayoría de personas. Cada vez que tomo café tengo el sueño más placentero, más pesado, más profundo. El café pasado no tiene comparación a no ser del café de muerto, ese que preparan con cebada tostada y ofrecen en los velorios de Trujillo. Tengo amigos que no pueden vivir sin fumar, otros sin ingerir alcohol y otros sin pornografía. Yo no podría vivir sin café.

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Ese punto amargo en la garganta que demora en extingirse, se equilibra y compacta con el dulzor que se estanca en la lengua. Las propiedades de una taza de café se multiplican en las tardes de soledad de los Jueves, saliendo de la pesadez de los primeros días de la semana y antes de ser invadido por la excitación provocada (y natural) ad portas del sábado-domingo.

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Para saber si la taza está buena, guíate por el aroma y su consistencia. La uniformidad cromática debe tener un ligero brillo aureolar de dientes de fumador.

El olor transportado por su vapor debe generarte un cosquilleo en las amígdalas, provocado, tal vez, por la impaciencia de verse invadidas por las aguas negras de la tranquilidad en las arenas del sosiego.

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Un café, una tarde tarde* y un escrito.

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*He usado el término tarde tarde, ya que tarde solo, abarca desde el mediodía hasta las 7 pm. Tarde tarde implica solamente, la última mediahora de su nombre.

1 comentario:

  1. Pues todos tenemos un vicio, yo tengo el de estar tragando como loco o jugando en red o play

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