Ya se había extinguido en el cielo cualquier evidencia del día y la imperante noche prometía agradables momentos.
-Ya puedes pasar- me dijo Andrea.
Fuera de la carpa el clima era bueno. Dentro de ella y al lado de Andrea, sofocante e irresisitible, pero a la vez demasiado agradable, rayano a lo sado.
Aspiré con fueza una bocanada de aire fresco e ingresé donde ella para olvidar por un instante cómo se exhala: la piel canela resaltaba semioculta bajo su breve pijama blanca.
Acampar había sido una buena idea.
-Pero te dejarán ir sola conmigo?- le pregunté.
-Sí, si ya tengo 18. Además, a mi mamá le caes bien.
-Qué? Sí?
-Sí, dice que pareces buen chico.
-Sólo lo parezco.
-Sí, solo lo pareces.
La Luna está cubierta por una nube que no puede impedir su luminosidad y Andrea se tiende boca arriba con la cabeza fuera de la carpa. Desde mi posición, puedo ver el universo y descubro con satisfacción que no es de ébano sino de cedro.
-No te vas a echar?- me pregunta sin malicia.
-Encima o a tu lado?- pregunto sonriendo.
-Loco- me dice- donde quieres?
Le miro todo el cuerpo y ella se sonrìe y me hace sonreír, con sus manos coge las mías atrayéndome hacia ella, al lado de ella, para ella y siento su blandura y aspiro su perfume y pruebo de su sal mientras mis dedos se enredan en sus cabellos largos y ondeados a la vez que sus piernas se enlazan con las mías y descubro con sorpresa, ya lo sabía, ya, que no tenía brassiere y ahora quiere quitarse el short y unos pasos que se apro ximan hacen que me aleje con toda su fuerza de sí.
Caigo se espaldas a su lado y ambos estamos mirando un pedacito de Luna que ya empieza a mostrarse.
-Ahora falta que te conviertas- me dice Andrea.
Los pasos han cesado y su origen se encuentra casi sobre nosotros. Es Samantha, su perrita, y Andrea se pone de pie ya la bota.
-A ver, ya te convertiste?- sonríe Andrea.
-Ya casi.
Me besa agarrándome fuerte de los cabellos y hace una pausa.
-Quieres algo de beber?
-Vas a ir a comprar?- le respondo intrigado. No quiero que se vaya.
-No. Voy abajo nomás. Tenemos otra refri en el segundo piso. Ya vengo rapidito.
Baja las escaleras descalza mientras desde la azotea de su casa, San Juan de Lurigancho, Lima, Perú, los postes alumbran las calles durmientes, ignorantes de todo lo que puede acontecer hasta que, dentro de unas pocas horas, es Verano, duerman ellos y salga el sol...
Excelente :) Grande Iván!
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