martes, 30 de octubre de 2012

SUCESIÓN

Silvia Saint, ex actriz porno hoy modelo y productora del mismo género, sale todas mañanas a punta de las cinco y media a correr un poco para mantenerse en forma y desintoxicar la piel. Hoy, mientras corría, se ha sentido observada. Todos los días sale gente que como ella, corre por el mismo motivo, sin embargo, acaba de tener un extraño presentimiento. Es por una noticia: dos mujeres han aparecido muertas en quince días (esto no es de sorprender ya que todos los días matan gente, el mundo ya se ha convertido en una selva donde solo sobreviven los más fuertes). Una en Bruselas y la otra en Hamburgo. Las dos ex actrices porno. Fueron brutalmente golpeadas en el rostro, estranguladas y luego, ya muertas, violadas vaginal y analmente con tal salvajismo que ambos canales llegaron a unirse. “A la primera, Ann Hole, no la conocí mucho”, medita Silvia Saint. Y es verdad, solo compartió roles con ella en una escena junto a David Perry para la colección Superfuckers. Con la segunda nunca coincidió. Lo curioso, y motivo de su paroxismo, es que una semana antes del primer crimen, fue colgado en YouTube un video donde se ve a una mano enguantada escribir A.H.Bruxelles. Luego de la noticia, la misma mano volvió a aparecer ahora escribiendo A.L.Hamburg después, Anja Laval fue encontrada muerta. Ahora, hace una semana exactamente, la misma mano, es decir, el mismo guante, una vez más, apareció delineando S.S.Praha
. Es verdad, que las actrices porno nunca trabajan con sus nombres reales, salvo Céline Bana, sin embargo, las mujeres asesinadas no fueron reconocidas por el criminal por sus nombres de pila. Silvia Saint llega a casa y cierra las ventanas, las puertas. Va a viajar a España. Eivissa para ser más exactos, donde tiene muchos amigos que la adoran y poder esquivar la muerte. Termina de bañarse justo cuando llega el taxi que pidió. Se alista rápidamente (no necesita de mucho para estar guapa) y sale. La conductora le abre la puerta. Ella la pidió ya que no quiere correr riesgos. Sobre el asiento de atrás hace unas llamadas. Mira el espejo retrovisor: la mujer es fea, joven y le ha sonreído maliciosamente. Silvia Saint, halagada, cree ver en ella a una fan más.

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