jueves, 28 de enero de 2010

EL SILLÓN DE LOS DESVELOS (¿O DEBERÍA DECIR DE LOS DESVELADOS?)


La semana pasada, luego de mi peregrinar televisivo pre-ida a dormir, en un canal que poco frecuento, la escena de una película llamó mi atención (en sí, lo que más me cautivó fue el hecho de que había una chica sentada en una banca haciendo una inscripción en ruso).
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Se llamaba “Las Alas de la Vida” y a pesar de haberla cogido empezada, pude enterarme en las escenas siguientes de lo poco que me había perdido. A veces suele pasar. La historia está basada en la conspiración del destino contra Lilja, una adolescente de 15 años, cuya madre hace un viaje a Norteamérica tras el cual, jamás vuelve a dar señales de vida. La joven vive en un edificio dentro un suburbio y tiene como vecino a Volodia, un niño de 12 años, maltratado por su padre y aficionado al terocal. Ambos sufren el rechazo y la marginación por parte de los únicos familiares que tienen en el mundo y el lazo que los une termina por afirmarse, tanto así que hay noches en las que Volodia se queda a dormir en el cuarto de Lilja, compartiendo el terocal y viviendo las penurias en las que la dueña del recinto los ha sometido, sin luz ni agua. En una temprana caminata, sentados en una banca, ella hace una inscripción en la que pone, en ruso por supuesto, Lilja por siempre (el título original por cierto es ése Lilja 4-ever, 2002).
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Volodia tiene una afición por el básquetbol aunque nunca lo haya jugado y un amor secreto por Lilja. La situación es dura y muestra lo cruel que confabulan el clima con la crisis de la clase más baja de aquel país. Unos jóvenes del barrio los fastidian a menudo, en una ocasión golpean a Volodia y violan a Lilja. En todo el mundo se cuecen habas. Lilja opta por el camino más fácil para conseguir dinero: se prostituye. Desprotegida y al acecho de pedófilos, obtiene clientes rápidamente, logra estabilizar en algo su situación y le hace un regalo inesperado a su joven compañero: una pelota de basquetbol.
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En una de sus salidas conoce a un joven distinto a los demás. Cortés y sin el propósito de negociar sus servicios, la cautiva convirtiéndose en su novio. Volodia está en desacuerdo, lo que Lilja interpreta como celos. El joven le habla de cierto trabajo decente en Suecia, junto a él y además bien pagado. Lilja acepta de inmediato. Volodia vuelve a estar en desacuerdo pero la ilusión de Lilja es más fuerte. El día de la partida, le rehúye, sabe que si se va no la volverá a ver jamás. Se queda a dormir a la intemperie y muere de frío.
Camino al aeropuerto, inventando un pretexto, el joven consigue que Lilja viaje sola, le ha dado un pasaporte falso en el que certifica su mayoría de edad. Ya en Suecia, sin conocer a nadie ni el idioma, Lilja queda a merced de un hombre que la ofrece a todos sus contactos a la vez que la mantiene encerrada en un departamento del último piso de un edificio.
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La penuria en lo que se convirtió su vida, las conversaciones en sueños inútilmente animosas con Volodia, los abusos, maltratos y la angustia predominante que la llevan a elegir la salida más directa y segura de ese mundo. La crudeza de sus imágenes y excelentes actuaciones, invitan a una reflexión acompañada de una ya anticipada dedicatoria: a todos los niños y adolescentes que son víctimas de explotación sexual. Muy buena.

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