
No sé si es la más reciente película de Clint Eastwood, pero “El Gran Torino” me fascinó. Aunque al principio no estaba muy interesado en verla, al ir desarrollándose la trama no pude desatenderla. La intención es clara: cómo una amistad sincera que empieza parecido a un sentimiento de lástima entre un veterano de la guerra de Corea, racista, que acaba de enviudar y tiene una relación desastrosa con sus hijos y los hijos de sus hijos, y un adolescente oriental sumiso y víctima del vandalismo propio del suburbio donde cohabitan puede quebrar dichas diferencias que solo existen en las cabezas.
Esta vendría a ser la décima (creo) película de Eastwood que veo y hasta ahora ninguna me ha decepcionado. Desde aquel 98 cuando vi por vez primera “Lo Bueno, lo Malo y lo Feo”, quedé muy impresionado. Tres horas de pura trama para un desenlace emocionante en el centro de un cementerio. Parecían cinco películas en una, todas diferentes y a la vez iguales.
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