Noche penúltima de Agosto. No hay Luna, no. Va a llover y un vientecito golpea contra mí cuando voy a tu casa. Estás afónica, nunca te había escuchado así. En cierta forma, es gracioso ya que tienes la manía de hablar fuerte y rápido.
Lo siento, sé cuánto te debe picar la garganta pero el humor es inherente y lo sabes.
Me gustaría poder invitarte a dar una vuelta. O mejor, salir a tomar un café por ahí. Mejor aún, me encantaría que aceptaras salir conmigo pero más allá de todo, me gustaría mucho tener el valor suficiente de ir a buscarte y dejar de escribir lo que jamás haría en este blog que nunca lees.
No hay comentarios:
Publicar un comentario